Mi cama es compartida

Madres y padres de todo el mundo han convocado a celebrar el 1er Día Mundial del Sueño Feliz (#desmontandoaEstivill):

“Queremos que el hashtag #desmontandoaEstivill se convierta en trending topic en Twitter y que blogs, páginas y perfiles de Facebook se llenen de mensajes a favor del Sueño Feliz.”

Estivill, para quienes no lo conocen, es el autor del libro “Duérmete, niño”, que enseña a los padres el método para “entrenar” a sus hijos, desde que son bebés, a dormir solos en su pieza junto a su chupete y un muñeco. El método consiste básicamente en acostar al niño y tolerar que llore reclamando la compañía de sus padres durante una, dos, tres o las noches que sean necesarias, y asomarse al dormitorio del pequeño cada tanto a recordarle que “mamá y papá lo aman y hacen esto por su bien”. Contraviniendo uno de los instintos más elementales del ser humano y gracias a los cuales aun existimos como especie -el de proteger al niño desvalido-, no está permitido tomar en brazos al bebé.

Luego de varias -o muchas- noches de tortura para padres e hijo, el niño finalmente deja de llorar antes de dormir porque aprende que nadie, ni siquiera mamá, vendrá en su ayuda. Es importante aclarar que el verdadero autor de este cruel método es en realidad el Dr. Richard Ferber, de quien se dice que más tarde se retractó. No voy a entrar en el área científica -aunque sé que hay mucha evidencia acerca de las secuelas que dejan los métodos “Cry it out”- porque no me corresponde. Sin embargo, quiero compartir mi experiencia como mamá.

Cuando recién nació nuestro hijo, no teníamos (por suerte) el espacio suficiente como para asignarle un dormitorio, por lo que no compramos cuna, coche, ni nada extra. Pensábamos que en unos meses más contaríamos con un segundo dormitorio para dejar al hijo y dejamos la decisión a ese respecto para más adelante. Total, las primeras semanas de adaptación sería mejor que el bebé durmiera a mi lado.

A medida que iba pasando el tiempo, cada vez se hacía más evidente que el lugar del hijo era entre nosotros dos. Fuimos nutriéndonos de información sobre los beneficios del colecho (que la respiración del bebé se sincroniza con la de la madre y evita el SMSL [síndrome de muerte súbita del lactante], que al despertar durante la noche y sentirse acompañado retorna con más facilidad al sueño, que el tener el pecho disponible favorece la lactancia, entre muchos otros) y, sumado a lo agradable que era dormir los tres juntitos, ya no quisimos separarnos más.

Por cierto, tuvimos en este periodo un cambio de casa que incluyó una cuna corral, herencia de la prima. La utilicé un par de noches junto a mi cama (autopresionada por ser agradecida con el regalo) y, cuando mi hijo se dio cuenta de que dormía solo, empezó a despertarse cada una hora. Por fortuna, porque yo lo extrañaba terriblemente. Así volvimos a la normalidad.

Han pasado nueve meses de feliz colecho. Mi bebé sigue durmiendo con nosotros, a veces al medio, a veces a un costado, cuando tenemos ganas de dormir abrazados con mi marido. Hemos redescubierto entretenidos espacios para tener sexo: la alfombra, el sofá, de pie tras la puerta… como lo hacíamos cuando éramos novios -o amigos favoritos- y lo que menos importaba era el lugar. Debo reconocer que esta nueva etapa le ha dado un gustito adolescente a nuestros encuentros, lo que es un entretenido valor agregado.

Las noches no han vuelto a ser tan pacíficas como antes de ser madre. Mi hijo se despierta 2 o 3 veces, pero dándole un poco de pecho seguimos durmiendo tranquilos. Ahora sé que dormir toda la noche es un proceso que requiere madurez. En la medida que se sienta seguro y contenido, cuando esté listo llegará a esa etapa. Sé que necesita mi cercanía y amor, en concreto y no en teoría. Siento que le doy seguridad, que duerme sin miedo y confiado en que sus padres están a menos de una mano de distancia (o bajo una pierna). Veo su cara cuando despierta, que me mira y sonríe con ojos pícaros, estira su cuerpo para desperezarse y luego aplaude (su nueva gracia aprendida) y es todo lo que necesito para saber que lo estoy haciendo bien.

Mamás y papás que lean esto: si tienen dudas, háganle caso a sus corazones. El instinto sabe qué es lo correcto cuando se trata de un hijo. Tómenlo en brazos, acurrúquenlo, bésenlo, hártense de amor… y si sienten que necesitan compartir la cama, no dejen que ningún consejo bienintencionado los amilane. Después de todo, dormir juntos es lo que hacemos los mamíferos.



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